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Tu reflejo

Cuando miramos nuestro reflejo en el agua del lago, la imagen nos devuelve la belleza de nuestros ojos, frente a un espejo logramos ver nuestra silueta y admiramos las expresiones que nos hacen únicos. Pero al mirarnos en los ojos de otros muchas veces no logramos ver lo que ellos miran.


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Pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre el hecho de ¿porqué criticamos a otros?, resulta que esta mala acción se convierte en una debilidad que hace envenenar nuestra alma. Criticar los defectos físicos o de personalidad de otros sin aceptar, es emitir un juicio sin ser jueces e imponer una valoración a los sentimientos que pueden llegar a ser nobles y eso aún sin conocerlos.

Sería lindo imaginar que en esos ojos que nos miran se refleja bondad, que aunque estemos un pocos desordenados puedan ver nuestra belleza, esa que va más allá del alma y de los ojos. Y es aquí donde viene la parte que también debemos poner en práctica para con los otros; pues también debemos mirar a los demás intentando ver lo bueno.

Lo que vemos en los otros es nuestro propio reflejo, pues si vemos amor es porque amor llevamos dentro, si llegamos a tener fe en los demás es porque de fe estamos hechos. Es la respuesta que nos guarda el universo, así lo creo con firmeza.

Si en algún momento nos disgusta algo de otras personas deberíamos reflexionar sobre ese aspecto, pues posiblemente eso que nos cause disgusto también este en nosotros y por ello encontramos un valor opuesto. Esto nos da una oportunidad de valorar y mejorar nuestra vida, de apreciar las diferencias, de apreciar y medir el comportamiento que tenemos ante cada día.

Es realmente importante educar a nuestros hijos para que aprendan a ver el mejor reflejo de ellos, a creer que todo es posible cuando se lo proponen, a tener fe en sus actos y en la constancia que tengan para intentar lograr sus metas, esto en los estudios, cuando busquen un buen empleo, al momento de contraer matrimonio o en cada paso importante que los haga personas únicas e irrepetibles, siempre con fe y amor a Dios. Porque no existe algo más terrible que las diferencias, las críticas o el odio.

«Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien».
Martin Luther King Jr.


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Eduquemos a nuestros hijos para vivir el ahora, sin criticar a los otros e intentando encontrar el mejor reflejo de ellos en cada paso de su existencia. Esto no implica conformismo alguno, pues cada día se debe luchar por encontrar ese reflejo que nos gusta, ese ideal que queremos ser para nosotros mismos y para las personas que amamos. Evitando siempre a los que quieren hacer daño.

Es evidente que el mejor reflejo de ti lo verás en los ojos de tus hijos, en la felicidad que sus sonrisas te demuestren, es el resultado de lo que haces bien en tu camino. Ellos son tu alma, la extensión de tu felicidad en el milagro de la existencia, siempre detente a compartir con ellos lo maravilloso que es estar vivos, el respeto por los otros y la bondad de los amigos.

Me despido. Gracias.

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