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Flagelos del existencialismo

Muchas veces las situaciones propias de la existencia nos hacen la vida complicada, en el post anterior estuve intentando plantear este inconveniente desde el punto de vista de la filosofía. Hoy quiero enfocar el punto de vista personal, netamente psicológico.

Parece que todo se torna complejo con el día a día; por ello siempre nos encontramos con consejos para relajarnos, para tomar el control, para respirar; todo esto es bueno porque de alguna u otra forma nos enseña las armas a emplear contra flagelos existenciales como la hostilidad y la ira.

¿Quiénes son los principales afectados?

Quizá podamos pensar que son aquellos a los que va dirigido esa hostilidad, rabia o ira; pero si bien no es bueno ser el centro de la descarga de esos sentimientos, sucede que el más afectado es la persona que no controla su psiquis y emana esos sentires dañinos.

La verdad es que la hostilidad no solo es compleja y difícil de manejar para quien es el centro de los ataques, de igual forma, es también complicada para quien la emite y se identifica con ella como algo normal, esa persona muchas veces ni se da cuenta que es hostil, tan hostil que deja de parecer persona.

Un ser hostil, permanece de forma constante a la defensa, no tiene paz social, no posee confianza en otros y ni siquiera en sí mismo; todo lo confunde con una posible amenaza, siempre está vigilante a los ataques que quizá nunca llegarán. Generalmente interpretan todo a su manera, esta es la razón por la que nada los convence; se convierten así en extremadamente existencialistas; para los terceros se convierten en personas poco atractivas para tener un grupo o equipo de trabajo, una amistad o una relación romántica.

De igual forma, ante las múltiples complejidades del día a día, es común que muchas veces notemos personas que sufren de ira; quizá sinónimo de hostilidad, pero esta vez con ataques repentinos como respuesta, la ira anula a nivel psicológico las respuestas positivas y construye ataques repentinos que pueden llegar a ser peligrosos tanto para quien es atacado como para quien sufre de ella. La ira anula la reflexión, y muchas veces termina en miedo ante situaciones de amenaza.

Lo anterior es un problema social ante el exacerbado cúmulo de problemas a los que somos expuestos.

Supongamos el caso: Venezuela

Hoy en día en Venezuela, los ciudadanos vivimos enfrentando constantes agresiones existenciales, lo normal se convierte en complejo; obtener alimentos, agua, tener servicios básicos; todo parece una carrera de supervivencia para los más aptos. El stress se combina con la falta de servicios y tiempo. ¿Somos existencialistas? Lo veo más como ser víctimas de una serie de sucesos que nos afecta a nivel de psiquis; pero esto no justifica la hostilidad, agresiones, ni la ira desmedida.

No tenemos culpa de estar en medio de una tormenta social, y no debemos atacarnos unos a otros. Ante una persona hostil, ante un ataque de ira, lo más conveniente es apartarnos, alejarnos de esos problemas en el momento del ataque; si bien podemos hacer algo a través del afecto o un consejo que sea en el momento adecuado. Si respondemos de igual manera nos anulamos como seres pensantes y caemos en ser víctimas de estos flagelos.

Debemos poner en práctica todos los consejos de respiración, de intentar pensar en positivo, mientras no nos afecten moral o físicamente. Intentar morar bajo la sombra de la paz, del amor y el perdón, no es una tarea fácil, pero es la mejor opción para nosotros mismos, nuestro mejor escudo para defendernos ante tantas circunstancias dificultades y ante tantos ataques de hostilidad de las personas que tristemente se han dejado atrapar por las dificultades del mundo.

“Una persona ve en el mundo aquello que lleva en el corazón.”
Johann Wolfgang Goethe

Gracias por su lectura.

Imagen uno Pixabay
Imagen dos Pixabay

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